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10.000 días

De más de veinticinco años de experiencia tiene que salir algo bueno. No sólo vivencias, sino también el conocimiento de un medio ambiente concreto y un aprendizaje de los que lo hacen todo deprisa y con poco espacio al error.

Es un planeta propio. Tiene sus códigos, sus claves, e incluso su lenguaje. El deporte del motor es la especialidad más cara del universo, la que lidia con el riesgo desde que se sale de boxes, la que no perdona errores, y en la que el ecosistema está infestado de trabas: todos son el enemigo. Por eso, por su economía, su baile con el riesgo y la velocidad a la que ocurre todo hay muchos elementos de juicio aplicables a la vida diaria, de la empresa, y que puede transmitir valores que enriquecen estos entornos.

El trabajo contínuo y minucioso, su alta especialización, sus avances tecnológicos y su uso de manera especializada, la enrevesada logística, la contínua innovación, la capacidad de adaptación sin riesgo a los cambios, el sacar partido del fracaso... Son múltiples elementos que han acabado ayudando a servicios de emergencias en hospitales, a optimizar los cielos alrededor de aeropuertos, o ayudado a sobrevivir a niños hospitalizados. El automovilismo deportivo es un laboratorio del futuro, una escuela de vida, y por eso aprendemos de él cada día, y nos encanta transmitirlo. 

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